MÉXICO. 13 de junio 2019.-Edith González se pensaba como un icono femenino «que trascenderá». Eso confesó a La Jornada en una entrevista que le ofreció en su casa, en 2002.

«Cuando pensé en la trascendencia quise que un gran pintor me retratase, porque tengo la impresión de que la televisión y el cine no sirven para ello. Por medio de unas tías que eran amigas de Alberto Gironella, le pedí que hiciera un cuadro mío… lo cual cristalizó en una obra que se llama Edith González como la Infanta Margarita”, que actualmente es parte de la colección permanente de un museo en Alemania.

Casi dos décadas después, la actriz escribió su despedida en Twitter, en enero de 2018: «Querido pasado, gracias por tus enseñanzas. Querido futuro, estoy preparada. DIOS mío gracias por una nueva oportunidad».

Le gustaba su cuerpo porque era sensual. Uno que le servía, le funcionaba. “Tengo todo completo, cinco dedos en cada mano y en cada pie. Tengo problemas digestivos, pero nada grave, y después de esto digo que es un cuerpo bien hecho. A mí me gusta el cuerpo delgado, no me gusta el voluptuoso, pero que tenga las cosas que debe tener; pues sí… creo que es un cuerpo que tiene gracia al moverse”.

No sólo tenía la gracia, sino la delicadeza y el poder para destacar como actriz y como mujer.

Una mujer cuyo cuerpo fue deseado por múltiples artistas plásticos para su inmortalización en sus lienzos y que hoy dejó este plano, avasallado por una enfermedad que no perdona sexo, edad ni cuerpos bellos y gráciles.

La mañana de este jueves, su amiga, otra actriz, Leticia Calderón, reportaba el deceso de Edith González en su cuenta de Twitter con este mensaje: “Güera (Edith) te vamos a extrañar! No hay dolor más duro que el que está sintiendo tu mami a la cual abrazo con mucho cariño”. Y en el programa Hoy, de Televisa (donde trabajó casi toda su vida) se confirmaba la noticia, con la autorización de la familia.

Edith “cerró su círculo”. Era una frase recurrente en ella en su último trabajo en la caja mediática, en el programa Este es mi estilo (de Televisión Azteca), en el que era crítica de moda.

El cáncer hizo que Edith González dejara a su hija, Constanza, y a Lorenzo Lazo, sus amores, con los cuales viajaba por doquier para paliar el dolor de su cuerpo, pero para fortalecer su espíritu, que le dio armas para luchar contra el mal, con una metástasis que siempre acechó esperando ese momento para arrebatarle “ese cuerpo delicado”.

Edith González fue histrión desde su infancia. Participó en alrededor de 40 telenovelas, entre las que se destacan Los ricos también lloran, Rosa Salvaje, Doña Bárbara y Corazón Salvaje, entre otras. En cine, se le recuerda en producciones como El Rey de los Gorilas, Cyclone, Fabricantes de pánico, Adiós Lagunilla, adiós y Salón México.

Nació el 10 de diciembre de 1964 en Monterrey, Nuevo León. Hija de Efraín González, un contador, y Ofelia Fuentes, ama de casa, participó desde tempranana edad en obras de teatro.

En 1971 y con apenas 6 años apareció en su primera telenovela, Lucía Sombra, y durante esa década tuvo participaciones en muchas más.

Interpretó a la joven María Isabel Salvatierra en Los ricos también lloran, emblemático culebrón de la cadena de Chapultepec 18, la cual se retransmitió en países de habla hispana como Colombia, Argentina, Perú y España, así como en Brasil, Italia, Turquía y la entonces Unión Soviética.

«¿Escoges a tus personajes?», le preguntó el periodista Fabrizio León en ocasión de su entrevista con este medio.

“No”, respondía. “Lo que pasa es que Televisa hace un estudio y decide sobre las gente que, digamos, le rinde más frutos. En este estudio yo estoy del lado de las más buenas y el público elige verme como buena.

“¿Buena de carácter o porque está muy bien tu cuerpo?”, reviraba el comunicador.

“No sé qué quisieron decir, lo que sé es que no me quieren poner en personajes de villana. Hace tiempo yo quería hacer La Colorina y estuve peleando con varios ejecutivos de Televisa, porque ellos no querían. Me decían que según los estudios la gente me quiere ver de buena. Yo les dije »bueno, pues sí, pero tengo que crecer, hacer otros personajes».

Y, aún con su cuerpo delgado, encarnó a la deseada Salomé de la longeva puesta en escena Aventurera, personaje que defendió a capa y espada, como todo lo que defendía “la güera”.

“He abordado este tipo de personajes con mucho respeto, con mucho cariño. Un día fui a un lugar llamado Savoy para conocerlas y platicar con ellas, y me aceptaron muy tranquilas. Yo las respeto muchísimo, no solamente porque soportan a hombres borrachos y tienen un tipo de vida dura, sino porque la mayor parte de ellas son madres. Siempre me ha confundido la doble moral de un señor que por el hecho de contratarlas para un servicio se siente con la libertad de poderlas llamar de esa forma tan despectiva. No soporto que hablen mal ellas; no entiendo esa doble moral. Tratan como algo inmaculado a su noviecita santa y a una chava que está haciendo un servicio, que está trabajando por circunstancias que muchas veces ella no escogió, la tratan como si fuera un objeto…”

González hizo público su diagnóstico de cáncer de ovario, enfermedad que combatió sin dejar de trabajar.

Batalló sin cesar y se mostraba como una partisana contra esa enfermedad. Comentaba que se había ido. Pero en tiempos recientes se decía que el cáncer que ella aseguraba estaba en remisión, había regresado con más fuerza.

Ella desmentía: «No hagan esas cosas, que espantan a la familia», dijo a través de un video que compartió a través de sus redes sociales.

La actriz explicaba que seguía recibiendo inmunoterapias, «única forma de evitar la recurrencia; no es ningún secreto».

Pero semanas después, fue recluida en el hospital Ángeles, de Interlomas, donde permanecía “conectada”, y en donde la madrugada de este jueves habría sido desenchufada de las máquinas que la mantenían con vida.

¿Cómo hacía para cuidar su imagen y que la prensa no hablara de su intimidad?

“No hablo. Cierro la boca”, afirmaba.

FUENTE:LAJORNADA/FOTO:WEB

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