MÉXICO. 01 de enero 2018.-Después de pensarlo demasiado, de darle vueltas y vueltas a una idea atrevida, José Chepo Reynoso bajó la cortina de la carnicería Mi Lupita, en Guadalajara.

El negocio de la carne le permitió mantener a su familia por 32 años; así sacó adelante a sus hijos y formó su primer patrimonio. Fue difícil, porque no sólo era el sustento, sino un oficio al que le tenía respeto, cariño genuino, era el mismo al que se dedicó su padre. Pero también le latía adentro un gusto incontenible, uno que cada vez exigía más atención: el boxeo; la enseñanza de esa disciplina sufrida y demandante.

Primero vendió el molino de carne, después la sierra con la que segmentaba huesos y perniles. Así, hasta que se lanzó a una aventura en la que encontró a su primer campeón del mundo, Óscar Chololo Larios y después la joya de la corona, Saúl Canelo Álvarez.

FUENTE:LAJORNADA/FOTO:WEB