MADRID. 07 de noviembre 2017.-El epicentro del conflicto entre Cataluña y el Estado español se ha trasladado estos días a Bruselas, la capital de Bélgica, donde se refugiaron desde el pasado 27 de octubre cinco destacados líderes del independentismo catalán, entre ellos el que hasta ese día era su presidente autonómico, Carles Puigdemont. Ante la amenaza de su inminente encarcelamiento por su situación procesal en España, Puigdemont apeló a la Unión Europea a que intervenga lo antes posible en el conflicto para preservar los derechos humanos, que, a su juicio, se están violando sistemáticamente en el Estado español.

Puigdemont y los ex consejeros Antoni Comín, Clara Ponsatí, Lluís Puig y Meritxell Serret están bajo medidas cautelares -retirada del pasaporte y notificación de su lugar de residencia en Bruselas-, a la espera de que se celebre la vista en la que un juzgado belga decidirá si asume o no la orden de entrega dictada por la juez de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela.

Entre tanto, el ex mandatario catalán ha tenido un fuerte protagonismo a través de los medios de comunicación; ayer con la publicación de un artículo en el diario británico The Guardian, y hoy participando en una tertulia en el programa matinal de referencia de la radio pública catalana, en la que fue cuestionado por los detalles de su fuga, su estrategia a futuro, su opinión sobre el devenir del movimiento soberanista que tenía como objetivo declarar la secesión unilateral, pero que se vio truncada ante la intervención del gobierno español, del derechista Mariano Rajoy, a través de la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Puigdemont y los ex consejeros reconocieron el objetivo de su presencia en Bruselas es para “internacionalizar” el proceso y así poner los focos de las organismos y medios de comunicación internacionales en Cataluña, sobre todo a raíz del “golpe ilegal del Estado español”. El ex mandatario y los ex consejeros se mostraron preparados para ir a la cárcel si así lo deciden finalmente los juzgados internacionales, pero insistieron en que se trata de un atropello sistemático a los derechos humanos más esenciales. “Todo esto acabará en los tribunales internacionales y no será la primera vez que España pasa vergüenza en los tribunales internacionales”, señalaron, al citar como ejemplos algunas de las sentencias que han ruborizado al sistema de justicia español, sobre todo desde el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, y en los casos del ex presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, o el del presunto miembro de Ekin Xabier Beortegui, que denunció torturas tras ser detenido por la Guardia Civil en enero de 2011 y por el que Estrasburgo condenó a España por no investigar lo sucedido.

“Por eso es necesario trabajar desde aquí, y por los catalanes a los que se les ha robado una legislatura.

Lo que sería inexplicable es que hubiéramos desaparecido, pero no es así porque desde Bruselas nos estamos dirigiendo al mundo, y el mundo, comparta o no, escucha”, señaló, para añadir que “el odio y las ganas de venganza contra quienes les provocaron, según ellos, una derrota humillante, no presagiaba nada bueno”, pero también la internacionalización ayuda a los compañeros encarcelados”.

Cabe recordar que nueve miembros del anterior gobierno catalán se encuentran en la cárcel de Estremera y de Alcalá Meco, entre ellos el ex vicepresidente y líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras. En este sentido señaló la causa abierta en su contra “es una fantasía que permite al Estado español enviar a un gobierno legítimo a la prisión”.

Puigdemont insistió en su disponibilidad para ser el candidato del Partido Demócrata de Catalunya (PDCAT, nacionalistas conservadores) y reconoció que cada vez es más difícil que finalmente se reedite la coalición con la que ganaron los comicios en 2014, que congregó a ERC y PDCAT, que a lo largo de la historia reciente han sido acérrimos rivales, pero que decidieron formar un bloque con el objetivo de hacer realidad la independencia unilateral.

En cualquier caso, Puigdemont se mostró convencido de que el día después de las elecciones autonómicas, es decir el 22 de diciembre, “nos encontraremos ante un Estado español que nos quiere aniquilar como país, nuestra lengua, nuestra cultura, que nos quiere arruinar económicamente y desprestigiar como nación, por lo que se “tendrán que crear las bases democráticas” con las que posteriormente “podamos ser un Estado independiente”.

Para Puigdemont, “la república sólo se puede hacer desde un marco democrático”, y al hablar sobre los condicionantes que puede sufrir el nuevo ejecutivo de la Generalitat, ha advertido a “los del bloque del 155” de que “si hay límites, tienen que explicarlo, que digan que es una democracia vigilada o tutelada, porque si el 22 de diciembre hay formaciones que no tendrán la opción de aplicar su programa electoral, deben decirlo”. En su opinión, al contrario de lo que se escucha a menudo, “España no ha cambiado, y es imposible dialogar con los fanáticos” que la gobiernan, a los que ha calificado como “ultranacionalistas españoles” que “siguen teniendo mayoría”.

El CIS dispara a ciudadanos y hunde a podemos

El sondeo electoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se presentó hoy y confirmó lo que otras encuestas ya apuntaban: la hegemonía electoral del derechista Partido Popular se mantiene, así como el segundo puesto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), pero en las plazas tercera y cuarta sí se registran cambios importantes con el hundimiento de Unidos Podemos, que pierde algo menos de dos puntos porcentuales, y el ascenso de Ciudadanos, que gana tres puntos. La principal lectura de estos cambios son los efectos del conflicto catalán en la intención del voto de los ciudadanos, al haberse convertido en los últimos tres meses en el principal tema de debate político y situarse en el segundo lugar en el ranking de los problemas que afectan a la ciudadanía.

La encuesta otorga al PP un 28 por ciento de los votos, frente a 28.8 que obtuvieron en el anterior barómetro, frente a 24.2 del PSOE (en agosto obtenían 24.9 por ciento). Los socialistas recuperaban terreno con el regreso de Pedro Sánchez a la secretaría general de la formación y como consecuencia subían cinco puntos y recortaban a 3.9 la ventaja del PP. Ahora les separan 3.8 puntos.

Por su parte, Podemos y sus confluencias obtienen ahora 18.5 por ciento de los votos, cuando en agosto llegaban 20.3 por ciento (se dejan 1.8 puntos), y Ciudadanos se hacen con 17.5 por ciento cuando en agosto se hacían con 14.5 por ciento.